Anonimato digital y la condena del Determinismo Tecnológico

Pedro Sánchez ha propuesto en Davos acabar con el anonimato en las redes sociales, planteando que la gente deba identificarse. Según el presidente, esta medida busca combatir la toxicidad y proteger la democracia. También ha propuesto que los propietarios de las plataformas sean penalmente responsables del contenido que se publica en ellas. Sin embargo, no es la primera vez que se escucha algo así. En 2022, la Fiscalía española planteó eliminar el anonimato para investigar delitos de odio. Recientemente, Italia aprobó una ley que obliga a identificarse para publicar reseñas en línea con el objetivo de combatir reseñas falsas. Este tipo de propuestas no son algo nuevo y han sido defendidas tanto por progresistas como por conservadores, en Europa y en los Estados Unidos.

Internet es un sitio peligroso (?). En él encontramos contenido horroroso: se utiliza para coordinar el trabajo entre traficantes o pedófilos y es origen y destino de ciberataques. Todo esto es cierto. Alternativamente, Internet también permite cosas maravillosas: la tele asistencia sanitaria, hablar con tu abuela desde Londres, tele trabajar desde el pueblo o enriquecerte comerciando con ₿ funny internet money.

Internet no es un lugar peligroso en sí mismo. No lo es intrínsecamente, sino que más bien es un sitio complejo. Internet es una red de redes, con millones de nodos y muchas más conexiones. Esta complejidad es su principal característica. Una red se vuelve compleja, cuando crece, cuando deja de ser completamente regular o aleatoria y presenta propiedades emergentes, como una distribución de grado heterogénea, estructura de pequeño mundo (cortas distancias y alta agrupación), robustez ante fallos aleatorios pero vulnerabilidad a ataques dirigidos, formación de comunidades o módulos y dinámicas no triviales debido a interacciones no lineales.

Cuando una red se vuelve compleja, emergen consecuencias inevitables como patrones no lineales (difíciles de predecir), o vulnerabilidad a ataques dirigidos. Además, surge una dificultad para controlar las interacciones debido a dinámicas no triviales, así como la formación de comunidades que mejoran la eficiencia local, pero complican la gestión global. Cuando las dinámicas internas de una red generan oscilaciones descontroladas o sensibilidad extrema a pequeñas perturbaciones, emerge el caos.

Internet comenzó como una red simple entre unas pocas universidades y corporaciones, pensada desde esa perspectiva. Sin embargo, a finales de los 90, Internet se convirtió en una red compleja y poco después en hiper compleja. Con la llegada de las redes sociales, se construyó y desplegó una red abstracta sobre la red física. La sociedad humana se conectó, trasladando esa complejidad al ámbito social. Finalmente, emergió el caos.

La distribución masiva de desinformación, la polarización afectiva, la injerencia de todo tipo de organizaciones políticas y estados en nuestros asuntos cotidianos o el colapso de la opinión pública son fenómenos caóticos derivados de la hipercomplejidad de nuestras redes sociales.

Y esto es una consecuencia natural y prácticamente inevitable del desarrollo tecnológico.

El intercambio masivo de información en la red ha permitido un desarrollo económico enorme: la difusión de innovaciones, la coordinación de operaciones comerciales, los negocios en línea y, bueno, el desarrollo de la IA. Cualquier derivada social caótica iba a ser tolerada en aras del desarrollo económico.

La tecnología siempre se desarrolla hasta el límite de sus posibilidades.

Y si no lo haces tú, lo hará otro. De la misma manera, los sistemas humanos, en su condición de sistemas, buscan permanentemente el equilibrio. Hay un impulso humano natural hacia la gobernanza, el control, la regulación. Y la Unión Europea va all-in en esto.

Una red hiper compleja como la que resulta de la superposición de las redes sociales sobre Internet, llevada fuera de control, produce y seguirá produciendo caos de manera inevitable. El impulso humano natural lo encontramos en el control, ya sea regulando el acceso a sitios web porno o exigiendo una identidad digital en las redes sociales. Del mismo modo, la identificación digital teóricamente permite una mayor interacción con el gobierno y entre actores económicos, puede contribuir a aumentar la fiabilidad del sistema y por ende el desarrollo económico. Existen comunicaciones descentralizadas, pero mientras vivamos en estados centralizados, el viento soplará a favor de la presente identificación centralizada.

Yo no estoy especialmente a favor de esta medida, pues choca frontalmente no solo con la libertad de expresión, sino con todo aquello a lo que me acostumbré de crío. No obstante, a largo plazo, creo, la identificación será inevitable.

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