Del pergamino al cable

El dominio de la información hace referencia al conjunto de elementos implicados en el almacenamiento, procesamiento y comunicación de información, así como a la propia información per se. Es un dominio especialmente amplio, abstracto y transversal. Forman parte de él los sistemas informáticos o de comunicaciones, así como los contextos culturales o incluso el cerebro humano en cuanto a sistema de información.

Lo más interesante del dominio de la información es que la información es a la vez arma y campo de batalla.

La lucha por y a través del dominio de la información ha sido pues una constante en prácticamente cualquier conflicto político y militar a lo largo de la historia. El objetivo ha sido siempre el mismo controlar todos los elementos de la comunicación, mensaje, canal y los propios procesos de interpretación en emisor y receptor en otros términos; espionaje, sabotaje y manipulación.

En la antigüedad, el espionaje era rudimentario, estaba basado en la observación directa, la compra de lealtades o la interceptación de cartas. En el campo de batalla, se recurría a tácticas como retiradas fingidas, señuelos o cortinas de humo. En cuanto a la propaganda, la religión y el mito articulaban la base, estableciendo leyendas vinculadas a reyes y pueblos fuertes, mientras las conversiones religiosas buscaban homogeneizar vastos territorios. Al aceptar una religión iba más allá de aceptar un código místico, se aceptaban unas prácticas culturales, se adquiría una manera de interpretar el mundo y en no pocas ocasiones se aceptaban, se legitimaban jerarquías enteras. El mito y la religión eran y son políticos en gran medida.

Cada salto tecnológico sofisticó esta lucha. A modo de ejemplo paradigmático, la imprenta permitió la aparición de nuevas «armas» informativas: ideas capaces de generar contrapesos al poder (católico) hegemónico. La Reforma Protestante en Europa fue causa y choque directo entre espacios informativos, la hegemonía del Vaticano versus una nueva cosmovisión vista como oportunidad por la oligarquía local para ganar mayores cotas de independencia. En respuesta, el orden establecido articuló mecanismos como Propaganda Fide, fundada en 1622, que marcó el origen moderno del término “propaganda”.

Con la sociedad industrial, los periódicos, la radio y la televisión transformaron (de nuevo) el dominio de la información. Estos medios más allá del mero entretenimiento, se convirtieron en los principales instrumentos de lucha ideológica del tiempo. Paralelamente, la tecnología siguió revolucionando el espionaje: el telégrafo del siglo XIX y las telecomunicaciones de los siglos XX y XXI impulsaron la interceptación y manipulación de información con fines estratégicos, nacía el SIGINT.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de la Información dio el paso definitivo al nivel estratégico. Un ejemplo de ello, tal vez el más estudiado, es la Operación Carne Picada (Mincemeat), que sirvió para engañar a los nazis con planes de invasión falsos distribuidos a través de un cadáver cerca de Chiclana, en España. Otro caso lo encontramos en el descifrado del código Enigma, logrado en gran medida por Alan Turing y sus colaboradores, que salvó innumerables vidas al anticipar los movimientos alemanes. Estas operaciones marcaron hitos en el uso de la información como arma de guerra.

Tras la guerra, la pugna por el dominio de la información se intensificó durante la Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión Soviética consolidaron sistemas informativos opuestos, basados en cosmovisiones antagónicas: liberal-democrática y comunista. Radio Free Europe y Radio Moscú libraron auténticas batallas ideológicas en las ondas, mientras que la CIA y el KGB actuaron en la sombra mediante operaciones encubiertas, incluyendo desinformación masiva, sabotaje político y la financiación de movimientos afines. Buena parte de las operaciones de desinformación que vemos (sufrimos) a día de hoy están diseñadas siguiendo el playbook soviético.

La URSS, de hecho, lanzaría varias campañas que en cierto modo siguen activas o son recurrentes a día de hoy; la difusión del mito de que el VIH era un virus creado por Estados Unidos o el asesinato de JFK por parte de la CIA. Por su parte, los servicios estadounidenses utilizaron think tanks y ONG o medios de comunicación de todo tipo para expandir su influencia en Occidente y atacar informativamente al bloque anti-liberal.

La caída del Muro de Berlín marcó un nuevo escenario. La globalización y las TIC añadieron complejidad al dominio informativo, mientras China se sumaba a la competición global en su renovado rol de Gran Potencia. Hoy, Estados Unidos, China y Rusia proyectan su poder a través del control de los espacios informativos, utilizando herramientas como ciberataques, propaganda en redes sociales y algoritmos.

Desde la interceptación de mensajes en la antigüedad hasta los actuales conflictos informativos, la lucha por el dominio de la información ha sido y sigue siendo una constante en la historia humana y por esto es especialmente relevante que como analistas de inteligencia seamos capaces de integrar los aspectos cognitivo y tecnológico (ciber) en un mismo marco.

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