En los últimos años, X y otras plataformas de redes sociales han sido la piedra angular en la difusión de información en tiempo real. Como suelo decir, han construido una red abstracta sobre la red física de internet en la cual una parte creciente de la sociedad se está volcando. Al ser un reflejo de la sociedad real (o física, llámalo como quieras), estas plataformas también han facilitado la propagación de desinformación a escala. Tal y como mencioné en publicaciones anteriores, cuando una red alcanza un alto grado de integración, un alto número de nodos y conexiones se vuelve compleja per se, y comienza a albergar fenómenos emergentes; aparecen dinámicas no lineales, caos etc.
Cuando estudiamos el fenómeno de la difusión de información, sea para analizar una narrativa, comunicación política, marketing o similar en una red clásica nos centramos en estudiar emisores más o menos individuales, mensajes, incluso podemos tratar de segmentar audiencias de manera básica y poco más. No obstante, muchos de estos esquemas son poco relevantes o directamente ineficaces si trasladamos el estudio a redes hiper complejas.
El estudio de la desinformación en las redes sociales es un ejemplo paradigmático de esto. Durante los últimos años me estuve fijando en la manera en la cual se venía estudiante la desinformación. En muchos casos el estudio se basaba en la identificación de actores individuales o en un análisis más o menos manual de narrativas. Muchos estudiaban las «fake news» de manera aislada o el empleo de medios fraudulentos. Si bien esto puede servir para aportar conocimiento, siempre creí que en una red social, la red era más que la suma de sus elementos, y que podía trasladar aspectos de la física de sistemas al ámbito para «capturar» dinámicas no lineales y efectos de red.
La desinformación pues, maximiza su impacto en las redes sociales cuando actúa precisamente en red. De esta manera, una narrativa interesada (propagandística, falsa,…) es capaz de penetrar en una audiencia determinada cuando esta se distribuye a la misma por múltiples vías, de manera repetida en el tiempo y a ser posible con el apoyo del propio algoritmo de recomendación de contenido.
Para demostrar esto, diseñé una investigación cuyos resultados os comparto en el blog.
X y la Desinformación
La desinformación, definida como la creación y difusión deliberada de información falsa o alterada para manipular a la opinión pública, ha demostrado ser una herramienta poderosa para polarizar sociedades y alterar el discurso público. X se define por sus principales propiedades a saber, una naturaleza rápida y una alta frecuencia de interacciones. Es por lo tanto LA plataforma para observar este fenómeno.
En la investigación, me centré en dos tipos de redes:
- Periodistas: Cuentas asociadas con periodistas y medios de comunicación legítimos en España.
- Actores de desinformación: Cuentas que, de manera consistente, comparten contenido falso o manipulado, actuando principalmente para la misma audiencia que los periodistas identificados.
Así pues, durante los últimos años, entre otras cosas, me he dedicado a seguir una red de actores de desinformación que identifiqué en su momento de 275 cuentas de cada grupo, recopilando datos sobre su actividad en X desde 2019 hasta mediados de 2022, año en el que empecé a dejar de recopilar información (entre otras cosas debido a que el señor Musk cerró el API Académico de Twitter) para ponerme a analizarla.
Emplee ambas redes para poder disponer de una comparación significativa, esto es, la red de periodistas me sirvió para contrastar las propiedades de la red de desinformación.
¿Cuales son las propiedades de una Red de Desinformación?
1. Alta densidad y coordinación
Las redes de desinformación son más densas y cohesionadas que las redes de periodistas. Los actores de desinformación están mejor conectados entre sí, lo que permite que los mensajes circulen rápidamente dentro de sus redes. Esta coordinación se produce de manera natural y artificial a la vez. En mi investigación identifiqué claramente redes de bots y «tuiteros a sueldo» quienes llevaban a cabo una labor activa para conectarse entre si, facilitar conexiones y compartir contenido similar. A nadie debería sorprenderle esto después de ver casos como el de la Internet Research Agency en Rusia. Por otra parte, encontré una cantidad significativa de cuentas sobre las que claramente se apreciaba una coordinación informal, a saber, habían encontrado el contenido en las redes, por recomendación y cierta afinidad ideológica y se había adscrito a él.
Así pues, a grandes rasgos destaqué:
- Eficiencia: Las redes de desinformación muestran un flujo de información más rápido en comparación con las redes de periodistas. La información fluye más rápido en su seno.
- Clústeres bien definidos: Las redes de periodistas son más fragmentadas, con menor colaboración entre sus nodos (cuentas), permitiendo mayor pluralidad, dificultando la difusión.

Del mismo modo, pude observar como la red de desinformación había crecido de manera considerable del 2019 al 2022, aumentando tanto el número de nodos como especialmente su densidad y eficiencia. La red de periodistas, por otro lado, presentó mayor polarización. Algo preocupante.
2. Alta actividad durante crisis sociales
Durante eventos sociales significativos, como el inicio de la pandemia por COVID-19 o la guerra en Ucrania, las redes de desinformación aumentaron considerablemente su actividad, lo cual tiene especial sentido y es un indicador claro de coordinación y de intención. Las Redes de Desinformación tienen una intención, existen para un fin, y se activan especialmente durante crisis con el objetivo de aprovecharse de estas para instalar una narrativa y/o polarizar a la población. Esta hipótesis se alinea especialmente con los ataques llevados a cabo por actores estatales (pensemos en el contexto del conflicto entre EEUU/UE, Rusia y China). Las publicaciones en estas redes mostraron:
- Un incremento en referencias a temas polémicos como eventos relativos a la OTAN, la Guerra de Ucrania y el COVID-19.
- Un tono mayoritariamente negativo, lo que sugiere un enfoque emocional y agresivo.

Vemos también que las redes de desinformación presentan un patrón anormalmente alto durante eventos como protestas y disturbios. En la imagen que podéis ver a continuación, apreciamos un pico de actividad durante las protestas por la detención del rapero español Pablo Hásel.

3. Uso estratégico de URLs y hashtags
Finalmente, pude apreciar que redes de desinformación emplean de manera ligeramente más activa elementos como URLs y hashtags para amplificar su alcance y coordinarse. Esto ayuda a que sus mensajes lleguen a audiencias más amplias y refuercen sus narrativas dentro de sus propias redes.
¿Qué estrategias podemos adoptar para combatir una narrativa en RR.SS.?
A partir de estos hallazgos, podemos proponer varias estrategias para mitigar el impacto de las redes de desinformación:
- Disrupción de redes de desinformación
- Identificar y desactivar nodos clave (cuentas altamente conectadas).
- Limitar la visibilidad de contenido proveniente de estas redes.
- Fortalecimiento de redes legítimas
- Fomentar mayor colaboración entre periodistas y medios.
- Promover narrativas verificadas y creíbles con el apoyo de sistemas de recomendación.
- Uso de sistemas de recomendación responsables
- Ajustar los algoritmos para priorizar contenido de fuentes confiables.
- Reducir la propagación de desinformación mediante la identificación automática de patrones sospechosos.
- Educación mediática
- Concienciar a los usuarios sobre la existencia de estas redes.
- Proveer herramientas para verificar la veracidad del contenido que consumen y comparten.
A grandes rasgos, lo que deberemos buscar es la rotura de dichas redes, sea mediante la generación de redes alternativas de mayor densidad y actividad, sea por la generación de circuitos de mayor eficiencia a la hora de difundir información legítima o sea por la «eliminación» de desinformadores clave (los tuiteros a sueldo). También podemos optar por elevar la conciencia de la población potencialmente víctima, pero mucho me temo que esto es algo muy fácil de decir pero extremadamente complicado de llevar a cabo, especialmente en la sociedad de TikTok y compañía.
Reflexiones finales
Las redes de desinformación representan un desafío considerable para la integridad de la información en las plataformas digitales. El estudio que llevé a cabo muestra que estas redes son eficientes, densas y adaptativas, lo que les otorga una ventaja en la propagación de narrativas falsas. Resulta pues, muy fácil que un usuario inconsciente, que presente una cierta simpatía inicial con la narrativa determinada caiga en alguna de dichas redes y quede capturado por su contenido. Estas redes son más eficientes y densas, por lo que una vez dentro, resultará muy fácil que el usuario se radicalice en su contenido, la información propagandística llegará en mayor volumen y velocidad que la información legítima y el usuario podrá terminar por rechazar la información no interesada.
Por otro lado también resulta imperativo destacar que la desinformación puede venir de cualquier lado, los Estados Unidos también han lanzado campañas de manipulación de la opinión en redes sociales. Y cualquier intento de aplicar censura a gran escala bajo el pretexto de la lucha contra la desinformación es, cuanto menos, controvertido.

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