Gobernando el lago digital

El internet actual es un gran lago de datos. ¿En qué se parece internet a un lago? Para comprenderlo, debemos explorar la teoría de los bienes comunes y su gobernanza, una de las contribuciones más relevantes de Elinor Ostrom al pensamiento político y económico.

Un bien común es un recurso compartido por una comunidad, como un bosque, un lago o hasta la capa de ozono. Es difícil establecer límites alrededor de dichos recursos, y si cada individuo actúa solo en su propio beneficio, extrayendo más de lo que el ecosistema puede soportar, el recurso se degrada y eventualmente desaparece. Este fenómeno, conocido como la “tragedia de los comunes”, ocurre cuando no hay reglas claras para su uso, lo que lleva al colapso del bien colectivo.

Los bienes comunes (common goods en la literatura) son aquellos recursos compartidos por una comunidad, cuyo acceso no puede ser restringido fácilmente, pero que corren el riesgo de ser dañados o sobreexplotados. Ostrom demostró que estos bienes no necesitan ser privatizados ni gestionados exclusivamente por una única entidad para ser sostenibles. En cambio, pueden ser administrados colectivamente mediante reglas claras, acuerdos y mecanismos de gobernanza participativa, teniendo el estado muchas veces un rol director o facilitador.

En su teoría, Ostrom abordó la problemática de recursos como lagos, bosques y pesquerías, los cuales requieren gestión cooperativa para evitar su agotamiento. ¿Cómo se traduce esto al espacio digital?

Fronteras, Soberanía y Gobernanza Estatal

Un Estado existe en la medida en que puede mantener y defender una frontera diferenciada, gestionar sus recursos, garantizar el bienestar de sus ciudadanos. La soberanía actual implica, entre otras cosas, la capacidad de regular el flujo de información dentro de esas fronteras.

El contrato social entre gobernantes y gobernados se legitima en la medida en que existen canales efectivos de comunicación y representación. Este equilibrio es frágil y, en la actualidad, más vulnerable que nunca.

La Disrupción del Ecosistema Informativo

El ecosistema informativo de un Estado está compuesto por medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. En los últimos años, hemos sido testigos de un trasvase de poder desde los medios tradicionales hacia plataformas digitales y redes sociales.

Este cambio ha hecho que las fronteras informativas nacionales sean más difusas, permitiendo una penetración sin precedentes de contenido «foráneo». Como consecuencia, actores internacionales con intenciones hostiles pueden influir en la relación entre gobernantes y ciudadanos, socavando el contrato social y generando inestabilidad, lo hemos visto especialmente desde el inicio de la guerra en el este de Europa.

La Soberanía de los Datos: Un Imperativo Nacional

La teoría de Ostrom nos ofrece un marco para entender cómo un recurso colectivo, como un lago que cruza fronteras, puede ser gobernado para beneficio de todos. De igual manera, el espacio informativo de un Estado es un bien común cuya gestión no puede dejarse enteramente en manos del sector privado o de intereses individuales.

Permitir que este espacio sea influenciado, dañado, dominado por actores externos con intereses individuales puede generar caos social y afectar la estabilidad nacional. Por ello, la soberanía del espacio de información nacional es la necesidad ineludible del siglo XXI.

Regulación y Gobernanza de los Datos

Las recientes regulaciones en la Unión Europea y leyes de soberanía de datos en distintas naciones son un claro indicativo de la creciente importancia de esta problemática. El reconocimiento del espacio informativo digital como un bien común requiere medidas de gobernanza nacional que garanticen su seguridad y sostenibilidad; los datos que afecten a la soberanía nacional deben permanecer en casa, su seguridad dependerá de empresas nacionales, las redes sociales necesitarán mayores puentes para con la administración, los modelos de IA deberán cumplir regulaciones y en este sentido deberán estar supervisados en cuanto a sus sesgos.

El reto ahora lo encontramos en el diseño de mecanismos efectivos para regular el flujo de datos sin sacrificar la libertad de expresión ni la innovación, pilares para la democracia y el desarrollo económico respectivamente. La soberanía de los datos no es en ningún caso un freno al progreso, más bien una condición necesaria para preservar la estabilidad y la autodeterminación de los Estados en la era digital.

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