La Inteligencia ha muerto, larga vida a la Inteligencia

En septiembre de 1972, el grupo palestino Septiembre Negro secuestró y asesinó a 11 atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich. Con dicho acto buscaban reivindicar la existencia de un Estado Palestino por encima del Israelí. En represalia, el Mossad lanzó la operación secreta llamada “Cólera de Dios” para cazar y eliminar a los responsables. Durante años, agentes israelíes ejecutaron asesinatos selectivos en varios países: algunos blancos murieron por disparos a quemarropa (como en París o Roma), otros por explosivos colocados en coches o camas, y uno fue envenenado con pastillas en su comida. También hubo errores, como la ejecución por confusión de un civil inocente en Noruega. En todo caso, la operación envió un mensaje claro: Israel perseguiría a los responsables del terrorismo sin importar el tiempo ni el lugar. La justicia sería ejecutada en los términos dictados por el Estado de Israel, sin que otras leyes o códigos importaran a tales efectos.

Se forjó la leyenda del Mossad como Servicio de Inteligencia implacable.

En noviembre de 1979, tras el estallido de la Revolución Islámica en Irán, manifestantes respaldados por las fuerzas islámicas asaltaron la embajada de EE. UU. en Teherán tomando hasta 52 rehenes. Sin embargo, seis diplomáticos lograron escapar antes del asalto y se refugiaron en secreto en la residencia del embajador canadiense. La CIA, en colaboración con el gobierno de Canadá, diseñó una operación encubierta para sacarlos del país: simularon ser un equipo canadiense de producción cinematográfica que buscaba escenas en Irán para una película de ciencia ficción falsa, llamada Argo. El agente Tony Mendez lideró la misión, proporcionando identidades falsas, pasaportes canadienses e incluso una campaña mediática ficticia para dotar de credibilidad la historia. El 27 de enero de 1980, los seis diplomáticos abordaron un vuelo comercial y salieron del país sin ser detectados. La operación fue un éxito total y permaneció clasificada durante casi dos décadas.

Lo que vemos tanto en Cólera de Dios como en Argo, o incluso hoy mismo con los ataques de precisión israelíes contra el programa nuclear en Irán, es un Estado imponiendo su voluntad por encima de las normas, cualesquiera que sean. No vemos otra cosa que el triunfo del ingenio humano (de un pueblo) en la lucha por una causa considerada moral y materializada en lo que conocemos como Operaciones de Inteligencia.

Las operaciones de inteligencia son acciones planificadas y encubiertas diseñadas y/o llevadas a cabo por agencias estatales (como el Mossad o la CIA en este caso) con el objetivo de obtener, proteger o manipular información crítica relacionada con la seguridad nacional, o de actuar en nombre del Estado para hacer valer la voluntad nacional. Su objetivo puede ser prevenir amenazas, influir en eventos, eliminar objetivos, rescatar personas o desestabilizar al adversario. Estas operaciones suelen operar fuera del marco legal convencional, utilizando métodos como espionaje, sabotaje, propaganda, ciberataques, infiltración o eliminación selectiva. Son herramientas del poder estatal que combinan sigilo, estrategia y tecnología para cumplir objetivos políticos o militares. Se valen de la negación plausible y constituyen uno de los mayores ejemplos de la aplicación del realismo político en las relaciones internacionales.

Así pues, las grandes Operaciones de Inteligencia como las que acabamos de mencionar, constituyeron la leyenda de los Servicios de Inteligencia en el siglo XX.

En un mundo cada vez más predecible, abierto, conectado, el ser humano veía cómo ciertas entidades eran capaces de actuar en la sombra del sistema, alterando el curso de los acontecimientos a nivel internacional. Cuyos miembros arriesgaban hasta su vida en operaciones de muy alta complejidad, jugando con la muerte, haciendo lo imposible.

Se asentaron los principios de los Servicios de Inteligencia como instrumento fundamental del poder del Estado, actuando en la primera línea de la defensa nacional.

Como sabemos, el mundo actual está entrando de manera acelerada en un nuevo ciclo político y económico dominado por el caos, derivado en gran medida del auge de nuevas potencias como China (ocupando un espacio anteriormente bajo la influencia de Occidente), de una renovada lucha por los recursos naturales y de un crecimiento difícil de controlar.

Este ciclo, como no puede ser de otra manera, genera un estado de conflicto generalizado en el que debemos vivir y, por ende, operar. Operar de manera individual y colectiva, y con todos los instrumentos a nuestro alcance en el Estado.

Durante los últimos meses, que no años, hemos presenciado un resurgimiento de las grandes Operaciones de Inteligencia, de lo micro a lo macro. Algo para nada casual.

La operación “Espadas de Hierro” fue una campaña militar y de inteligencia que puso de nuevo al Mossad de Israel en el mapa tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, en el que fueron asesinados más de 1.200 civiles y cientos fueron secuestrados. En respuesta, Israel activó una ofensiva total sobre Gaza, combinando bombardeos masivos, incursiones terrestres y, especialmente, una operación paralela del Mossad y el Shin Bet para localizar y eliminar a los líderes de Hamás. Se emplearon asesinatos selectivos con drones, rastreo financiero, vigilancia electrónica, así como presión diplomática sobre países que albergan a miembros de Hamás. En este contexto, el Mossad logró infiltrar una cadena de suministro completa para con la organización político-terrorista Hezbollah, proveyendo a la misma de dispositivos de telecomunicación de tipo «busca» modificados para que albergaran explosivos activables a distancia, así como walkie talkies con el mismo formato. Una vez definido el día del ataque, los servicios israelíes se limitaron a activar la señal pertinente para hacer estallar dichos dispositivos, literalmente, en la cara de los terroristas, activando después los walkie talkies en los entierros de los difuntos tras la primera oleada de explosiones.

De este modo lograron deshabilitar en gran medida parte de la dirección de la organización, así como instaurar el terror en la misma, paralizándola cuasi al completo. Y más allá de esto lograron, una vez más, algo sumamente importante: mandar un mensaje. Resurgió la leyenda de los servicios de inteligencia como instrumento de poder definitivo e ineludible.

Unos pocos meses después de dicha operación, y hace escasas semanas, el mundo presenció una vez más el triunfo de la inteligencia en la guerra, con la operación «Telaraña», ejecutada por parte de los servicios de inteligencia ucranianos.

La Operación Telaraña fue ejecutada por el SBU durante el inicio de este junio. Consistió en una ofensiva encubierta contra bases aéreas rusas ubicadas en «territorio profundo», llegando hasta tan lejos como Siberia. Usando camiones civiles modificados, infiltraron 117 drones kamikaze FPV en cinco regiones rusas y los lanzaron simultáneamente contra bombarderos estratégicos ubicados en hangares. A día de hoy, Ucrania afirma haber destruido o dañado 41 aeronaves, incluyendo Tu-95, Tu-160 y A-50, causando pérdidas millonarias (miles de millones). Fue un golpe inédito en alcance y precisión, debilitó la aviación rusa y marcó un avance clave en la guerra asimétrica ucraniana, contra un enemigo aparentemente superior que golpeó primero. Fue otro triunfo de la voluntad nacional sobre un enemigo (agresor) en este caso aparentemente superior.

Operaciones como las israelíes y ucranianas resuenan profundamente en la actualidad, son el eco de las grandes operaciones de inteligencia del siglo pasado. Se lucha en condiciones desiguales contra un enemigo aparentemente superior (al menos en tamaño) y especialmente agresivo; mediante la inteligencia se logra ejecutar la voluntad nacional sobre este. Dichas operaciones son pues, en gran medida, operaciones de supervivencia en las cuales la inteligencia se impone sobre la propia realidad del conflicto.

Las Operaciones de Inteligencia son un elemento vital en la guerra actual. Como hemos señalado, vivimos en un mundo híper conectado y complejo, en el cual habitamos espacios de información que de manera progresiva constituyen una mayor parte de nuestra vida cada año. El conflicto actual es, pues, un conflicto dominado por la inteligencia como el arte de operar en y a través de dichos espacios. El conflicto actual está dominado por la Inteligencia, nos lo muestra la tecnificación de la guerra, la IA, la gran dificultad en la articulación de conflictos directos, así como la porosidad y fragmentación de nuestras sociedades, que permite a actores de todo tipo entrar y salir de dichos espacios y manipularlos a voluntad.

Sistemas de Inteligencia

Las Operaciones de Inteligencia son elementos de los Sistemas Nacionales de Inteligencia, emergen de estos, su grado de sofisticación, sus potencialidades, dependen de ellos. Son dichos sistemas los que modulan la calidad y propician la ejecución de las mismas.

Un Sistema Nacional de Inteligencia es el conjunto coordinado formal o informalmente de instituciones, recursos, normas y capacidades —estatales y no estatales— dedicados a recolectar, analizar y utilizar información estratégica para proteger la seguridad y los intereses de un país. No se limita solo a los servicios de inteligencia (SSII), de hecho existen en cualquier estado, incluso en aquellos carentes de Servicios de Inteligencia oficiales. Actúan como el cerebro en la Inteligencia Colectiva de una sociedad, incluyen: desde think tanks, fuerzas militares, la academia, empresas estratégicas y demás elementos capaces de generar inteligencia y actuar – convertirla en algo accionable.

Los Servicios de Inteligencia civiles o militares, han tenido y suelen tener un rol central en los mismos, son la formalización natural de estos en la burocracia del estado.

En un país, un Sistema de Inteligencia comprende activos variados, incluyendo doctrina, medios de cualquier tipo, presupuestos o cultura.

Se nutre de los recursos, especialmente humanos, que produce la sociedad, que han recibido una educación determinada, que tienen una cosmovisión determinada, una actitud, una valentía y un ingenio y que están dispuestos a poner encima de la mesa a favor del interés nacional.

Los Sistemas de Inteligencia son la base sobre la cual se diseñan Operaciones de Inteligencia. Los servicios de inteligencia se nutren de dichos sistemas para diseñar y ejecutar dichas operaciones. Servicios de inteligencia como el Mossad o la CIA obtienen sus recursos humanos de una sociedad determinada, una sociedad que está preparada en tiempo y forma para llevar a cabo las tareas encomendadas. Los decisores en dichos servicios no son sino miembros de una sociedad determinada, que existen en un lugar y en un tiempo determinado sobre unas condiciones.

Los Servicios de Inteligencia son dirigidos por una voluntad política determinada.

Emergen en un contexto determinado.

Cualquier sociedad en cualquier momento en el tiempo es víctima de su propio zeitgeist.

Los Sistemas de Inteligencia —por ende— no escapan a esta dialéctica natural que hace girar la rueda de la historia.

Un Sistema de Inteligencia actuará con la voluntad de sus miembros, influenciada por su contexto social. Un Sistema de Inteligencia actuará en contra de algo, esto es, para vencer a una resistencia determinada.

Y, en este contexto particular, vemos que existen dos fuerzas fundamentales que mueven al ser humano: la oportunidad y la amenaza. Esta última tiene un potencial motivador especialmente fuerte. El ser humano solo se mueve cuando quiere huir de un sitio o cuando quiere llegar rápido a otro.

Los Sistemas de Inteligencia emergen de necesidades. Se refuerzan pues en situaciones de especial amenaza, en climas y regiones donde terrorismo activo, presión o guerra amenazan la supervivencia de la nación, dichos sistemas se activan, amén de que la selección natural ejerce una poderosa fuerza en cuanto a la configuración de sus activos humanos.

Es una situación especialmente trágica, pues las grandes Operaciones de Inteligencia nacen directamente de entornos de gran riesgo, peligro, emergen del drama humano. No (siempre) es pues el carácter o virtud intrínseca de un pueblo lo que modula su emergencia, sino la propia selección natural.

¿Qué hay de la motivación por la oportunidad?

Más allá de la amenaza, los servicios de inteligencia, movidos por el «espíritu del tiempo» nacional, se mueven para alcanzar, materializar, defender la oportunidad. Por ende, es natural pensar que cuando una sociedad está viva, es joven, está motivada y mira con ilusión y ambición al futuro, los Servicios de Inteligencia reflejarán esto con operaciones ambiciosas, con plena confianza por parte del gobierno en los mismos (y un presupuesto acorde). Cuando una sociedad genera individuos ambiciosos, ingeniosos, buscando la excelencia, estos individuos comprenderán la cantera de la que se nutrirán los Servicios de Inteligencia. Ellos construirán tecnología, viajarán, comprenderán el mundo, analizarán en profundidad y la valentía será su seña de identidad. Ellos diseñarán y ejecutarán las operaciones.

Por otro lado, sociedades envejecidas, conformistas y paralizadas generarán ejércitos de burócratas, «expertos en mover papeles» y temerosos de la acción real. Individuos que buscarán mantener su puesto por encima de la ambición de generar un impacto en el mundo. Buscarán mantener un status quo en el que vivir y el cual verán como garantizado. La inteligencia, en dichos sistemas, simplemente muere. En dichos sistemas resultará habitual presenciar fugas de información de todo tipo, fugas de talento, falta de determinación a la hora de actuar e incluso casos de corrupción abierta. A largo plazo, dichas sociedades tienden a caer presa de influencias extranjeras sobre las cuales pueden perder hasta la capacidad de defensa, generando escenarios en los que la amenaza vuelva a ser real y fuerce la emergencia-regeneración de nuevos Sistemas de Inteligencia de nuevo excelentes.

¿En qué mundo vivimos?

En la actualidad, las sociedades humanas se difuminan e internacionalizan a marchas forzadas. La tecnología elimina la barrera entre lo público y lo privado, las atribuciones anteriormente ostentadas por el Estado flaquean ante los datos abiertos accesibles por internet. La Inteligencia Artificial vence a la Inteligencia humana en un porcentaje de tareas cada vez mayor y la Información está ahí fuera para quien quiera conseguirla. Por ende, las Grandes Corporaciones (a menudo internacionales) se consolidan tanto como clientes privados de inteligencia como en forma de ejecutores de dichas operaciones, siendo una esperanza para la excelencia por la oportunidad en sociedades decadentes. Actualmente, muchos Servicios de Inteligencia convencionales se ven sobrepasados, no pueden alcanzar la transformación digital por su propio pie y ceden ante «la industria». Existe pues, una enorme ventana por la cual la ambición y el talento huyen de estructuras arcaicas; fluyen hacia un nuevo sector híbrido, público-privado en el que explotar la oportunidad, que pronto tomará el relevo como actor central en los Sistemas Nacionales de Inteligencia. El tiempo dirá si estas nuevas estructuras tomarán el relevo como defensoras ante situaciones de amenaza, o si los tiempos difíciles crearán de nuevo sociedades fuertes.

Por ahora, la única opción viable pasa por resurgir en la ambición nacional o en su defecto ceder, favorecer este paso natural a nuevas estructuras y fluir con ellas.

Hoy, como ayer, la voluntad de actuar define quién sobrevive y quién desaparece. Las Operaciones de Inteligencia más que una respuesta táctica, son la expresión última de una Voluntad Nacional que no se resigna. En un mundo que colapsa desde dentro, donde las estructuras viejas se agrietan y las nuevas aún no se consolidan, quienes sepan ver en la oscuridad podrán imponer su curso sobre la historia. El tiempo de la contemplación ha terminado.

Deja un comentario