Para Roser

Hoy concluye formalmente mi etapa formativa con la defensa de mi segunda tesis doctoral.
(Las Grandes Potencias en la Guerra de la Información, Relaciones Internacionales – USAL; Information Dynamics in Online Political Ecosystems, Ingeniería Informática y de Telecomunicaciones – UAM).
Una etapa académica que empezó hace ya unos cuantos años con un Ciclo Formativo de Grado Medio en Informática, en Figueres, iniciado tras haber abandonado los estudios un año antes por falta de motivación, ante unos profesores que me recomendaron insistentemente no estudiar una ingeniería, por mi supuesta falta de capacidad para el pensamiento analítico y las matemáticas. O algo así… ya ni me acuerdo.

Termino esta etapa con 3 artículos Q1 publicados y otros 3 en proceso de revisión, 1 capítulo de libro, 2 libros completos en editoriales de referencia, y unas cuantas publicaciones, conferencias y seminarios. Todo ello en 3 años y medio, habiendo trabajado a jornada completa la mayor parte del tiempo, y concluyendo con la fundación de una startup tecnológica rentable con un equipo que ya es prácticamente familia.

En la vida, a veces hacemos cosas difíciles. Y hacer cosas difíciles va muchas veces más allá de buscar la excelencia, del ego o de ser un empollón. De hecho, yo siempre he sido un estudiante horrible, y nunca he perseguido la excelencia por sí misma, sino más bien la libertad de hacer siempre lo que me ha salido de las narices y crear.

Creo que las grandes cosas, muchas veces, se hacen por motivos que tienen una carga emocional profunda, que van más allá de la ambición o del beneficio. Muchos grandes proyectos se hacen para proyectar hacia fuera una energía, un éxito, con la intención de tener un impacto en el mundo o en las personas cercanas.

En mi caso, esta faceta de mi vida —la académica, la que hoy concluye— se la dedico a Roser, mi madre.

Mi madre es probablemente la persona más inteligente que conozco. Hoy la identificaríamos con lo que llamamos «altas capacidades». Es la persona con más profundidad argumentativa que he conocido, la que más ha leído y con mayor sentido crítico. Y en su vida ha hecho un esfuerzo enorme por transmitirme todo eso a mí.

A pesar de su enorme talento, su contexto personal le impidió estudiar de forma oficial, y me educó esperando, en parte, que yo recogiera ese testigo con logros académicos. Y yo, en muchas ocasiones, fui un mal estudiante (mal estudiante para el atrofiado sistema educativo imperante). Sé que eso supuso un reto para ella, y que las comparaciones con “los del cole” debieron doler, claro.

Bien, pues hoy cerramos esta etapa juntos. Cerramos un ciclo.
Mamá, ahora ya no hay dudas: esto es para ti. Y para nosotros.
A partir de aquí, seguimos con la siguiente.

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